Exempli gratia I
Lo admito. Me gustan los ejemplos. Los que me conocen darán buena fe de ello. De hecho se diría que abuso de ellos. Pero a mi me sirven para explicarme. Son una simplificación, lo se, pero me salen espontáneamente.
Hay una pregunta que nos hacen habitualmente y es “si nuestros equipos llevan instalado antivirus” a lo que respondo que no. Que eso sería como comprar un deportivo -lo siento. Lo siento. Los automóviles son de lo más socorrido- y engancharle una caravana. Que para eso no merece la pena un deportivo, hay coches más adecuados para este cometido.
Un antivirus es una aplicación que intenta identificar, neutralizar o eliminar software dañino. Continuamente analiza la memoria y los archivos de los discos en busca de posibles virus, para lo cual usa algoritmos eurísticos complejos que consumen unos valiosos recursos del sistema.
Las aplicaciones de audio tienen una peculiaridad y es que trabajan en tiempo real. Se leen datos del disco duro, se mueven a la memoria, de la memoria al procesador, se procesan los datos, se mezclan con otros, se devuelven a la memoria y de la memoria de nuevo al disco y al bus donde está conectado la interfaz de audio… todo sin interrupciones en cada periodo de muestreo (Ts = 1 / Fs) que a una frecuencia de muestreo de Fs = 48 KHz corresponde a 0,00002083 segundos = 0,02 milisegundos = 20 nanosegundos. Si alguna aplicación -como un antivirus- interrumpe el flujo de audio de manera que no se completen todos los procesos de audio en esos 20 nanosegundos de tiempo, se produce un drop (click).